Santiago Ávila, el primer violín de la Orquesta Filarmónica Prejuvenil

Orquesta Filarmónica Prejuvenil de Bogotá

“Haber conocido el violín es lo más lindo que me ha pasado en la vida”, dice Santiago Ávila, quien tiene 17 años de edad y lleva los últimos 10 tocando este instrumento. 

El pasado 17 de noviembre, Santiago realizó su último concierto con la Orquesta Filarmónica Prejuvenil de Bogotá, en la que ha mantenido el puesto de concertino durante cuatro años consecutivos gracias a su dedicación y disciplina, que fue puesta a prueba cada seis meses con una evaluación. 

“El concertino es la segunda persona más importante de la orquesta después del director. Está encargado de hacer la afinación de la orquesta y guiar a los compañeros de los violines y cuerdas. Es ser el líder que todos están siguiendo”, explica Santiago, quien desde que audicionó para entrar a la Orquesta, en 2019, ha tenido este cargo.

“Tienes que estar concentrado no solo en la partitura que estás tocando y viendo, sino pensar que eres el encargado de dar las entradas, porque la gente se confía en ti, porque eres el que mejor hace las cosas en la orquesta”, cuenta Santiago sobre algunos de los retos que enfrenta al liderar el equipo, pero dice que lo ha logrado gracias al empeño que le pone a sus estudios, a los que dedica alrededor de cuatro horas y media todos los días.

A pesar de que Santiago se sumergió en el mundo de la música gracias a su padre, quien también es músico y es violista de la Orquesta Filarmónica de Bogotá desde hace 25 años, lo cierto es que para él este universo se hace cada vez más fascinante cada vez que aprende partituras nuevas y conoce nuevos autores.

“Los compositores de música clásica tienen algo que me fascina, son unos auténticos genios. Ahorita estoy enamorado del concierto número 2 de Wieniawski”, comenta Santiago, aunque también se declara fanático de la música colombiana

Tomada de: Secretaría de Cultura

El violín llegó a su vida desde que era muy pequeño por medio de juegos incentivados por su papá.

“El me llevaba a los conciertos didácticos que hacía la Orquesta Sinfónica de Bogotá y allí fue que me enamoré del violín (…) El primero que tuve fue de juguete, me lo regaló mi papá, que quería que siguiera su legado. Ponía mi manito encima del arco y hacía como si fuera yo el que estuviera tocando. Esa fue una de las cosas que más me gustó. Luego ingresé a mi primera clase de violín y confirmé que era lo que más me gustaba”, cuenta el joven concertino.

Santiago tenía siete años recién cumplidos cuando ingresó a su primera clase de violín. Desde entonces siempre ha tenido la ilusión de tocar frente a un público y estudiar para que sus maestros y sus padres los escuchen y se sientan orgullosos, e incluso para escucharse a sí mismo. 

“Los aplausos para nosotros los músicos son el alimento, la motivación y las ganas de levantarnos y tener la disciplina que tenemos. Se siente muy bien cuando terminas un concierto y ves al público aplaudiendo. Sientes que hiciste las cosas bien”, dice Santiago emocionado.

Para Robinson Javier Ávila, el papá de Santiago, el último concierto de su hijo fue un día muy especial, porque fue como una graduación. 

“Fue su último concierto con la Orquesta Sinfónica Prejuvenil de Bogotá y es una oportunidad muy grande que ha tenido y que ha sabido aprovechar muy juiciosamente. Me siento muy orgulloso y complacido. Ahora él cumple la edad para continuar con la universidad”, comenta Ávila.

“Es muy importante el apoyo que le demos a nuestros hijos. Debemos acompañarlos en todo el proceso y darles mucho apoyo emocional y amor, porque con el amor uno hace todo para ellos. El amor y la disciplina van muy ligados en este caso”, agrega.

Por su parte, Santiago resume su proceso con pocas palabras: “El que quiere puede”. Y agrega que “solo basta con empezar y poco a poco se van logrando los objetivos y los sueños”. Pero no solo eso es importante para alcanzar el éxito. Para él la disciplina también juega un papel muy importante: “Cuando tú quieres hacer las cosas es cuándo más fácil es hacerlo, pero realmente la disciplina actúa cuando te choca y llega el día en que te da pereza hacer las cosas, pero hay que hacerlas porque de ello depende mi futuro”.

Tras terminar su etapa en la Orquesta Filarmónica Prejuvenil de Bogotá, los planes de Santiago son seguir estudiando música de manera profesional para llegar a escenarios fuera del país. 

“Me siento muy agradecido con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, no solo por la oportunidad que le ha brindado a mi hijo, sino a tantos niños que están vinculados al proyecto de formación musical, sobre todo en esta época tan difícil que vive el país y el mundo. La música los hace pensar en cosas mucho mejores”, comenta Robinson Ávila.

Fuente: Secretaría de Cultura

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By Samantha Herrera

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